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El lunes había empezado muy bien para el Neme Racing Team, con la llegada a Salta. Pero en la tarde noche, el panorama fue distinto. El problema de salud del navegante Ramiro Corvalán (fisura en una vértebra lumbar) hizo imposible que se pudiera seguir adelante en el Rally Dakar 2018. Así, Ricardo Neme se despidió de la competencia. Pero lo hizo con la cabeza en alto.

 

La llegada a la capital salteña se hizo bajo una fiesta. Miles de personas se acercaron a la zona en la que la caravana de vehículos transitaba, camino al vivac. Entre ese público estaba la familia y los amigos de “Ricky”, que lo recibieron a pura emoción.

Ya en el campamento, todo discurrió entre charlas, comentarios de todo tipo, buena onda en general. El piloto contó, una y otra vez y a quien le preguntara, detalles de cómo venía en competencia.

En algún momento de la tarde, Ramiro se fue a un sector del campamento a hacerse unos masajes. Acusaba dolores en la espalda, desde que en la segunda etapa de la prueba, en Perú, había pasado por una situación complicada de carrera por una caída brusca en una duna de la Toyota SW4.

El puntano se bancó el dolor durante varias etapas. Creyó que era muscular. Pero en Salta, al momento del masaje, sintió un puntazo, que puso en alerta a los especialistas. Le ordenaron que se haga revisar y que se efectúe una radiografía. Una vez hecho el estudio, los médicos estudiaron la situación y vieron un problema. Para estar más seguros del diagnóstico, ordenaron una tomografía.

Mientras eso sucedía, Ricardo seguía adelante con su rutina social, sin descuidar lo que estaba pasando con Ramiro. En un momento, entre amigos, llegó a comentar: “si lo que tiene es algo serio, no voy a tener problemas en dejar la competencia. La salud está primero, no puedo arriesgar nada en absoluto. Voy a esperar a que él vuelva del hospital con la tomografía para tomar una decisión.”

El entorno íntimo también estaba al tanto de la situación. Todos alentaban, con la preocupación lógica del caso. Al ver a la ambulancia volver, el piloto estaba participando del briefing de la etapa siguiente y salió de la reunión. Fue donde estaban los médicos, que ya analizaban el estudio de Ramiro. Una vez que los facultativos aconsejaron no seguir, el yerbabuenense no dudó un instante; tampoco lo hizo Ariel Isola, que lo acompañaba. “Hasta aquí llegamos” dijo, con los ojos llenos de lágrimas.

Fue un momento difícil para todos. La angustia embargó a cada uno de los presentes. Pero Ricardo se mostró fuerte. “Una rueda se puede cambiar, un cardan también, pero la salud no se compara en nada con eso. Una fisura como la de Ramiro puede desencadenar algo más serio. Esto se terminó”, dijo el corredor, conmovido.

Paso seguido, fue a buscar a su navegante. Le contaron la novedad. Tanto Ricardo, como Ramiro y Ariel lloraron desconsolados, durante un abrazo interminable.

La decisión de abandonar estaba tomada. Y la fueron a comunicar a la organización. Hubo que devolver los elementos de seguridad y despedirse. Ese fue otro momento difícil. El cariño que les habían tomado los miembros del entorno Dakar al tucumano y al puntano era grande. Ricardo mostró otra vez su entereza. “No hay que estar mal, ahora mismo vamos a festejar. Logramos llegar hasta esta etapa, peleamos contra las adversidades todo el tiempo. No sabía cómo era esto, ahora sí, Entonces, siento que ganamos. Lamentablemente el público tucumano que me siguió le tengo que decir que no sigo. Pero también les aseguro que voy a volver a intentarlo.”

Con las sombras de la noche ya instaladas en el vivac salteño, el equipo empezó a desarmar la estructura que había montado. Atrás había quedado una odisea, vivida a mil, kilómetro a kilómetro. A cada uno de sus integrantes y pese al abrupto final, el orgullo de haberlo dado todo no se lo puede quitar nada ni nadie.

Fuente: Motorplus Tucuman

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