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Mientras el cuerpo de Florencia viajaba este sábado a San Martín para recibir sepultura, Carina Di Marco habló como pudo pero dijo todo lo que sentía. Fue en la primera entrevista que brindó después del fallecimiento de su hija.

No puede explicar el dolor que siente en su alma porque le “arrancaron un pedacito de su corazón” y porque no pudo hacer nada para salvar a su pequeña. No duda ni un instante que a Flor la cuidaba de todo el mundo, menos de uno: el hombre con el que vivió 10 años y que le dio 3 hijos. El mismo que le pegaba y que un día quiso ahorcarla.

Caso Florencia Di Marco Caso Florencia Di Marco
Quebrada por el dolor y luego de la detención de Lucas Gómez ya no tiene dudas ni miedo: “Ahora estoy segura que fue él. No me importa que mis hijos se queden sin padre, quiero que se hunda, que siga preso y que pague todo el daño que le hizo a mi pequeña. Tenía entre mis hijos a una bestia, él no era una persona”.

Sostenida por el cariño de su hermano, Cristian Di Marco y su cuñada, la mamá de Florencia vive como si estuviera en el mismo infierno. Pero miedo no tiene, y por eso contó en una entrevista exclusiva a elchorrillero.com que Gómez, por quien ponía las manos en el fuego antes de pensar que podía hacerle mal a su hija, era violento y se drogaba.

Hizo las declaraciones minutos antes de partir hacia San Martín, en la provincia de Mendoza, donde desde mañana domingo descansarán para siempre los restos de su hija mayor.

“Varias veces fue violento. No se sabía controlar con la fuerza. Me golpeaba y una vez me quiso ahorcar. Yo a veces lloraba tanto, que no lo podía creer. Siempre me rompía las cosas que compraba. Cuando le agarraba la furia siempre rompía cosas, no podía tener nada nuevo en la casa. Por miedo nunca lo denuncié. Sabía manipularme y me decía que se iba a cortar las venas. Yo le decía que se fijara en los hijos, que teníamos que salir adelante los dos”, relató Carina y puso al desnudo la otra cara de una familia que no vivía en paz.

La última vez que Gómez golpeó a Carina fue en la noche de Año Nuevo, o sea cuando ella ya cursaba un embarazo avanzado: “Estaba drogado y borracho”, contó. Y para graficar que fueron muchas más las angustias que vivió junto a él agregó: “Quería ir a saludar a sus amistades, entonces le pedí acompañarlo y no quiso. Le dije que tenía otra y que por eso no me llevaba, y se puso violento. Se enojó, empezó a romper el televisor, una mesa de vidrio y me zamarreó. Se fue y volvió al otro día. Le había dejado toda su ropa lista para que se fuera, pero él me lloró y me pidió que no lo dejara en la calle. Le di otra oportunidad”.

 

¿Cómo era Flor?

Una y otra vez dice que Gómez nunca se mostró de la misma manera con su nena: “Él demostraba tanto amor, tanto cariño a Florencia, él decía que la sentía como su hija. Le daba todos los gustos, nunca hizo diferencias con los otros chicos. Nunca me imaginé que esta bestia le haría eso a mi pequeña bebé”.

Dijo que Flor “era calladita” y que la notaba celosa en el último tiempo: “Estaba enojada y yo creía que era por celos de la bebé. No pensé que le estaba pasando algo”.

También recordó que el martes, el día antes que alguien decidiera matarla, la llevó al hospital público de la zona para que le hicieran un control médico (el de “Niño sano”): “La doctora la atendió rápido. Creo que si la miraba bien se iba a dar cuenta que algo pasaba”.

La última vez que Carina vio a Florencia fue ese mismo día, cuando los dolores de parto la mandaron otra vez a la Maternidad. Recordó cada palabra que intercambiaron y hasta la sensación que le dejó el beso de la despedida al mediodía: “Dónde vas mami, me dijo, y le respondí que iba al Hospital. Avisame si te dejan internada, me dijo y me dio un beso”. Lo recuerda todo el tiempo, y todo el tiempo que lo hace se ahoga con el llanto.

Carina dio a luz casi cuando el martes terminaba. Casi al mismo tiempo que una hija llegaba al mundo, otra se le iba, y no pudo hacer nada: “Si ella me hubiera dado señales, yo la habría salvado, no le hubiera pasado esto. Tengo un vacío enorme, no tengo alma, me falta un pedacito de mi corazón”.

Al otro día, cerca de las 11 de la mañana, una mujer le escribió y le dijo que había encontrado una mochila en un descampado del barrio El Lince. Las características le confirmaron que era la que Florencia llevaba a la escuela, entonces no dudó y comenzó a mandarle mensajes por WhatsApp, pero no los recibía. La llamó un montón de veces, desesperadamente y con el corazón en la boca, pero el teléfono estaba apagado, posiblemente como ya lo estaba su vida.

Dijo que Flor no sabía manejarse en los medios de transporte público: “Pero además yo tenía miedo que le pasara algo, por eso siempre la llevaba él. Siempre me preocupaba por ella”.

Responde que se “siente culpable” porque si “hubiera sabido, la hubiera salvado. No puedo creer lo que estoy viviendo, parece un sueño y no me despierto, es horrible”.

Y otra vez la recuerda y otra vez llora: “Perdí una hija que era un amor con todo el mundo, todos la querían, era una señorita. Íbamos para todos lados con mi pequeña, la cuidaba de todos. Nunca me di cuenta de la bestia que tenía al lado. Lo quiero ver hundido, quiero que se hunda. Él no tiene familia, no tiene corazón, lo que le hizo a mi hija no tiene perdón de Dios”.

“Cuando lo detuvieron, creo que estaba drogado”

Cuando la Policía allanó el domicilio el viernes pasado el mediodía, Carina se puso nerviosa, lloró pero le pidió a los efectivos que hicieran “todo lo que tenían que hacer”, que revisaran cada rincón de la vivienda. Estaba amamantando a su beba recién nacida y comprendió que hasta ese momento había estado equivocada, que los 10 años junto a Gómez no le sirvieron para “terminar de conocerlo”.

“Les pedí que revisaran todo, y que si era él que la pague. Yo no lo voy a defender, voy a defender a mi hija. Me manipuló para que yo pensara que no había hecho nada. Ahora estoy bien segura que fue él”, recalcó.

“Cuando lo detuvieron estaba como dopado, creo que estaba drogado”, acusó en la entrevista. A esa sospecha le puso fundamentos, y se encargó de que quedaran bien claros: “Un día encontré un paquetito con un polvo blanco, y él me decía que era bicarbonato. Pero cuando lo probé se me acalambró la punta de la lengua, entonces le dije que se estaba drogando. Él me dijo que sí, que hacía mucho que consumía, pero adelante mío nunca lo hizo, yo nunca lo supe”.

Gómez quedó detenido como el único responsable del homicidio de la menor, encontrada en la tarde del jueves 23 de marzo. Su cuerpo estaba semidesnudo, debajo de un puente. Había sido estrangulada y violada.

El Chorrillero

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