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MUJERES MALTRATADAS Y GOLPEADAS

Columnistas

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Un problema que crece día a día

La violencia y los malos tratos han formado parte de la vida cotidiana de las mujeres a lo largo de la historia. Pero esta violencia estaba normalizada, por lo que era invisible, no tenía reconocimiento y, por tanto, estaba silenciada y oculta. Muchas mujeres maltratadas son privadas de sus necesidades básicas (sueño, alimentación…) de sus contactos sociales y de su libertad. El hombre controla cada aspecto de la vida de su mujer y la vigila constantemente. Esto va debilitando a la mujer física y mentalmente.

Quizá porque usted, lector, no conoce en profundidad la cruel vida de una mujer golpeada no haya tomado conciencia del sufrimiento que padece. En el caso de la mujer casada  no queda duda de que quién lleva las responsabilidades de la atención, los cuidados y la educación en la vida de los hijos es la madre.
Las madres tienen un papel de madres sonrientes, generosas, pacientes, tolerantes y afectuosas, pero ocultan el agotamiento físico y psíquico que conlleva el cuidado de los hijos, la atención de sus demandas el hacer todos los días las tareas de casa (generalmente solas), monotonía, falta de sueño…Las mujeres (madres) pasan a ser trabajadoras invisibles, y las que trabajan fuera de casa se sienten culpables por no dedicarles suficiente tiempo.

Quizá el mayor sufrimiento es cuando llega su pareja a casa y allí, entre gritos y golpes la vida se vuelve tormentosa y cruel. Este es quizás uno de los temas más complejos para el entendimiento de la mayoría de las personas que no conciben como una mujer puede dejarse maltratar.

Para entender en algo lo complejo de la situación debemos decir: Lo primero que hay que tomar en cuenta es que el maltratador se cree con derecho a irrespetar a la persona a la que maltrata. Se considera su amo y señor. Se supone que es un ser superior a su víctima. Puede pertenecer a cualquier clase social, tener estudios o carecer de ellos, puede ser joven, maduro o anciano, ser indigente o multimillonario, guapo o feo, alto o bajo... no existe un perfil específico que lo identifique, pero todos ellos tienen algo en común: desean anular a su víctima o víctimas.

A menudo enmascarado entre conductas pseudoafectivas dirigidas a desorientar emocionalmente a la mujer, el abuso psicológico se encarna en desvalorizaciones; amenazas encubiertas; conductas de restricción de la libertad de la mujer; críticas y ridiculización de aspecto, iniciativas y personalidad; culpabilización y, en torno a ello, un paulatino aislamiento que reduce las probabilidades de escape de la víctima y la expone traumáticamente a un entorno deshumanizante.

La mujer maltratada se aísla de todo; de su familia, de sus amigas; no llama por teléfono a nadie porque está siendo vigilada. Y mientras todos se lamentan de su vida ella esconde la realidad. Cuando alguien que conoce su desgracia le pregunta algo de su pareja ella suele contestar: "Las cosas van a cambiar", "él, en el fondo, es bueno", "yo le puedo ayudar a cambiar", "estaré a su lado", "el amor lo puede todo", Todavía muchísimas mujeres creen que así es como funciona el amor. Es como si la mujer se cegara ante la evidencia y necesitara echarle la culpa a otras cosas, e incluso hasta sí misma, antes que al propio maltratador.

Otro de los problemas con que se encuentran las víctimas de la violencia familiar que deciden buscar una salida es que la Justicia no les brinda la contención necesaria en estos casos. En síntesis, la mujer maltratada o golpeada se halla abandonada por la sociedad - sea por desinterés u omisión -

Son muchas las mujeres que piensan que un hijo debe tener un padre, aunque éste sea el peor de los padres. Todavía se nos vende que la familia "convencional" debe conservarse a toda costa, que es la mejor estructura para el desarrollo adecuado de los hijos. Por eso, muchas mujeres son capaces de sacrificarse, de anularse con tal de que sus hijos tengan este tipo de "hogar", pero no se dan cuenta de cuánto dolor ahorrarían para ella y sus hijos si comenzarán una nueva vida lejos de su agresor.

 Redaccion el Mercedino

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